El Museo Kaluz presenta la muestra El doctor del Dr. Atl, la cual ofrece una mirada íntima a la relación de Gerardo Murillo (Dr. Atl) y el Doctor José Palacios Macedo, su médico de cabecera y amigo cercano. Ambos llegaron a formar una relación que sobrepasó la de un médico y su paciente, culminando en un acto de medida extrema: la remoción de una pierna.
Las obras presentes fueron entregadas al Dr. Palacios Macedo entre la década de los cuarenta y hasta 1964 como gesto de agradecimiento, posiblemente por los servicios médicos brindados a lo largo de su amistad. Éstas se complementan con fotografías, notas periodísticas y correspondencias que documentan la extensa relación de los doctores, puntualizada mediante las obras producidas por Ernesto García “el Chango” Cabral, amigo cercano de ambos.
El Dr. Palacios Macedo no solo acompañó la cirugía que le salvó la vida al Dr. Atl, sino que también fue un apoyo fundamental durante su recuperación. Su ayuda y cuidado contribuyeron significativamente a la adaptación de Murillo a su nueva condición física después de la amputación. El papel vital, tanto médico como emocional, del Dr. Palacios Macedo durante este momento difícil no sólo reitera su cercanía con Murillo, sino también muestra la capacidad de adaptación y superación del Dr. Atl ante la adversidad. La exposición, basada principalmente en el archivo inédito del Dr. Palacios Macedo, revela un aspecto poco conocido de la vida de Dr. Atl y reflexiona sobre cómo esta relación marcó la vida y obra de uno de los artistas más destacados del siglo XX.
El Dr. Atl fue y sigue siendo uno de los personajes más controvertidos de la historia moderna de México. Vivió entre dos siglos, navegando entre contradicciones políticas, una pasión por el senderismo y una visión única para impulsar las artes nacionales. Paralelamente, el Dr. Palacios Macedo fue uno de los médicos más admirados de su época, un hombre bohemio e intelectual que vestía impecablemente, portando siempre un clavel en la solapa.
Tal como Palacios Macedo intervino físicamente a su paciente, el Dr. Atl se insertó estéticamente en la vida de su médico por medio de obras obsequiadas que abarcan múltiples décadas, técnicas, y géneros sobre papel. Desde creaciones previas al inicio de su amistad, hasta aquellas concebidas durante la misma, las obras, correspondencias y dedicatorias, revelan la profunda conexión que floreció entre ambos personajes durante el periodo de mayor enfermedad del Dr. Atl.
El afecto que el Dr. Atl le tenía a su médico quizás se atribuye al espíritu revolucionario que compartían, ya que tenían varios intereses en común: la democratización de la cultura, la ruptura con academias viejas e institucionales, y el deseo de proponer nuevos sistemas académicos. En cuanto a su carácter, ambos poseían un carisma hipnotizante y un evidente entusiasmo social.
Durante sus últimas décadas de vida, el Dr. Atl visitó a su médico en múltiples ocasiones para fines tanto personales como médicos. Solían almorzar juntos en casa del Dr. Palacios Macedo, así como frecuentar el entonces famoso restaurante-hotel L’Escargot. Éste lugar estaba adornado por El árbol del bien y el mal, un mural del caricaturista Ernesto García Cabral, el cual muestra a Palacios Macedo como uno de los protagonistas principales acompañado de otras personalidades de la época como Agustín Lara, María Félix, Cantinflas, el Dr. Atl, y el mismo García Cabral.
Los retratos en vista de Palacios Macedo ofrecen dos caras del médico:en el homenaje de Atl, se muestra como un personaje imponente, serio y estoico. En contraste, las representaciones de García Cabral lo retratan satíricamente como un hombre de gustos hedonistas.
El Dr. Atl comentaba con frecuencia que él no nació pintor, sino caminante. Su trabajo creativo comenzó con los recorridos a pie que realizaba a lo largo de su vida, aislándose en la naturaleza para llegar a sentirla de manera profunda y retratarla in situ.
A través del paisaje, el Dr. Atl desarrolló un contenido alegórico que buscó representar realidades ocultas. Su visión mística de las propiedades telúricas mexicanas lo llevaron a considerar el volcán como una aproximación cósmica, como seres que conectan el inframundo con los astros.
Los dibujos tonales pertenecen a un proceso de investigación empírico necesarios en la metodología de Atl para comprender el paisaje. Los bocetos y apuntes a mano rápida fungen como estudios preparatorios para sus obras mayores y como referencias documentales de momentos precisos. Éstos ejercicios muestran la complejidad de su proceso creativo al construir un discurso plástico a través de ejercicios de introspección y compenetración de fenómenos naturales.
José Palacios Macedo (Tulancingo, 9 de octubre de 1896) fue uno de los médicos más admirados de México en la primera mitad del siglo veinte. Marcó su época por su talento médico y como maestro de muchas generaciones. Aún ahora, es recordado como un médico de extraordinaria inteligencia y magistral oratoria, siempre elegante, y portando un clavel en la solapa. Un hombre poco institucional, se caracterizaba por su carácter bohemio, aficionado a las artes y el teatro, y con aspiraciones liberales.
Su actividad dentro de la práctica médica y la docencia abarcó un amplio espectro. Como Doctor en Biología, impartió la cátedra de Biología y Fisiología General y obtuvo por oposición la cátedra de Clínica Quirúrgica en la Escuela de Medicina. Durante su mandato como director de la facultad de Medicina (1934 a 1935), renovó el plan de estudios de la carrera con el objetivo de romper el aislamiento que la medicina mexicana estaba experimentando frente a los avances que se estaban produciendo en otras partes del mundo. Además, desempeñó un papel crucial en la obtención de autonomía académica y educativa por parte del gobierno.
Entre las múltiples facetas del Dr. Atl —artista, político, revolucionario, científico y orador—, su papel más destacado fue el de vulcanólogo. Las montañas de fuego representan el puente que conecta la tierra con las fuerzas del universo, evocando rituales de sacrificio prehispánicos. En este sentido, el Dr. Atl entregó su pierna en cumplimiento de esta vocación.
Tras el repentino nacimiento del volcán Paricutín en febrero de 1943, el Dr Atl pasaría la mayor parte de la década en las faldas del volcán, documentando sus erupciones y transformaciones sobre este evento, fascinado por la magnitud y energía de este fenómeno geológico.
Después de décadas de senderismo, Murillo desarrolla una trombosis en su pierna derecha, la cual termina por perder en 1949. Esta amputación, cuyo procedimiento se le atribuye al Dr. Palacios Macedo, marcó un punto de inflexión en el proceso creativo del Dr. Atl, obligándolo a buscar nuevas formas de trabajar y otorgándole la oportunidad de escribir y publicar una de sus obra maestras: El Paricutín: cómo nace y crece un volcán.