Nació en León, Guanajuato. Ingresó a la Escuela Nacional de Bellas Artes (enba), antigua Academia de San Carlos, en 1886, donde no sólo fue alumno, sino también investigador, restaurador y académico, ya que en 1899 recibió el nombramiento de profesor interino del taller de acuarela y en 1901 fue ayudante en la clase de dibujo de ornato. En 1905 obtuvo una beca para viajar a España. En Madrid estudió las obras de Ribera, Velázquez y Goya, y como parte de su experimentación plástica reprodujo algunas de las obras de estos grandes maestros, además de incursionar en técnicas de restauración. A su retorno a México, puso en práctica lo aprendido al desempeñarse como conservador en el Museo Nacional de Historia. En 1918, después de impartir cátedra en diferentes áreas, fue nombrado director de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Falleció a los sesenta años, en la ciudad de México. La producción pictórica de Mateo Herrera es diversa, y en sus lienzos plasmó naturalezas muertas, paisajes y composiciones históricas. Una constante en su quehacer plástico es un depurado manejo de la luz y la sombra, gracias a los estudios que llevó a cabo de manera autodidacta en esos temas y que lo acercaron al impresionismo que observó en España.