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Antonio Rodríguez Luna

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España, 1910 - España, 1985

Nació y falleció en Andalucía. Luna estudió pintura y fue ceramista en Sevilla y en 1927 se trasladó a la Academia de San Fernando en Madrid, donde se tituló. En 1923 publicó su manifiesto La Tierra, donde pugnaba por un arte de vanguardia. Posteriormente se sumó al surrealismo y en los años treinta al realismo social, en esa misma década, debido a su actividad antifranquista, lo alcanzó el exilio posterior a la guerra de su país por lo que radicó en México y en Nueva York. (Dossier) Su formación básica la realizó en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, a la vez que se desempeñaba como pintor ceramista. En 1927 se estableció en Madrid, donde se vinculó con Rafael Alberti, Pablo Neruda y Joaquín Torres García. En 1929 expuso por primera vez en el Ateneo de Madrid y, un año después, en una muestra de artistas ibéricos en Copenhague, Dinamarca. Junto al pintor uruguayo Torres García, participó en la fundación del grupo los Constructivistas. Durante la Guerra Civil española, su obra se politizó y colaboró para el bando republicano con publicaciones como el álbum Dieciséis dibujos de guerra, con textos de su autoría. En 1939 estuvo cuarenta días en el campo de refugiados de Argelès-sur-Mer, en Francia; logró salir de ahí gracias a la intervención de Pablo Picasso y Joan Miró. Posteriormente se exilió en ese país, hasta establecerse en México. En 1941, la Fundación Guggenheim lo becó en Nueva York y en 1943 regresó a México, donde ejerció como profesor en la Escuela Nacional de Artes Plásticas (enap) de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam). En 1982 se inauguró el Museo Antonio Rodríguez Luna en su ciudad natal, con obra donada por el artista. Fue nombrado Hijo Predilecto de Montoro y se le entregó la Medalla de Oro de la ciudad. En 1985 retornó definitivamente a España, donde murió a los pocos meses. A lo largo de su quehacer pictórico tuvo varias rupturas, desde el constructivismo y la asimilación de los distintos movimientos de las vanguardias europeas hasta las alegorías dantescas que remiten a la etapa negra de Goya, así como su periodo en México durante la década de 1940, tal vez el más conocido, y en el que lleva el expresionismo a un orden abstracto pintando toros, gatos y muros.

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